80 x 100 cm
En esta escena, un puma avanza siguiendo huellas frescas sobre un paisaje inspirado en Purmamarca, reinterpretado de manera personal y ficcional por el artista. Los cerros se transforman en una versión emocional del lugar, cargada de color y simbolismo. Desde lo alto, un cóndor sobrevuela anticipando el ciclo inevitable de la vida y la muerte, mientras un pequeño observador —sereno, de perfil— nos mira como diciendo: “esto es lo normal en mi mundo”. La obra revela esa naturaleza salvaje que solemos olvidar por nuestra vida moderna, y pone en valor la identidad profunda de la fauna argentina: un equilibrio crudo y hermoso entre belleza, supervivencia y territorio.