100 x 140 · Oil and Acrylics on Canvas · 2026
En un mundo donde la humanidad ya no existe, un caballo contempla el único vestigio visible de nuestra presencia. La naturaleza ha recuperado su lugar y el paisaje continúa su curso, mientras la figura monumental permanece como un silencioso testimonio del paso del tiempo.
La elección del caballo no es casual. Durante siglos fue uno de los compañeros más cercanos del ser humano: compartió viajes, trabajo, guerras y momentos de paz. En esta escena, ese vínculo histórico se invierte. Ya no acompaña al hombre; es él quien observa lo que queda de una civilización desaparecida.
Eco de nuestra presencia reflexiona sobre la memoria, la transformación y la permanencia. Invita a preguntarnos qué huella deja una especie cuando desaparece y qué elementos logran sobrevivir al paso del tiempo.